César Augusto

Alcalá Brazón

EL HOMBRE SOCIAL

El hombre es un ser consciente, racional y libre, y, por eso mismo, es también un ser social, que sólo en la compañía de sus semejantes encuentra las condiciones necesarias para el desarrollo de su conciencia, racionalidad y libertad, características que lo distinguen de los otros animales. Y precisamente por ser consciente, racional y libre, el hombre posee derechos inalienables y deberes morales, mientras el animal sólo tiene instintos y hábitos. De ese conjunto de condiciones que caracterizan a la persona humana: ser consciente, racional y libre, y por lo tanto social, sujeto de derechos y deberes, resulta la misma dignidad absoluta y la misma igualdad esencial para todos los hombres, independientemente de su color, situación socioeconómica, religión o cultura. Es una dignidad absoluta porque no depende de ninguna cualificación, sino basándose en el mero hecho de tratarse de una persona humana, dignidad que le confiere un valor inestimable y la coloca como razón de ser de todas las instituciones sociales, políticas y económicas

Además de las definiciones y conceptos de la persona humana,  es preciso ir más allá de la presencia física de la materia en el ser humano, pues sus leyes y ecuaciones no nos dan respuesta de la actividad espiritual de éste. El inteligir, el querer, la libertad y, en general, todo ejercicio espiritual del ser humano, su comportamiento ético, su dignidad, sus derechos, sus deberes, etc., no pueden atribuirse a propiedades desconocidas de la materia. La persona humana es un “Ser racional libre, autónomo, con autoridad propia, orientado a fines específicos, que por el más íntimo dominio de su libertad es dueña de sí misma y, en consecuencia, responsable de sus propias acciones. La persona se define en el orden práctico como ser libre, que en cuanto tiene unos fines que cumplir, es un ser responsable. El destino de la persona humana, por tanto, está inscrito en su propia naturaleza y no es otro que el de llevar a su máxima perfección las potencias que lo constituyen como tal. Sus rasgos característicos son: la individualidad, la racionalidad y la dignidad”.

En la actualidad persiste una visión reductiva de la persona humana. Se la reduce a su corporeidad (visión materialista), a un objeto de placer o consumo (visión hedonista), a una mera pieza social o laboral (visión sociologista), a un animal sofisticado (visión cientificista o mecanicista) o, incluso, se va al otro extremo, exagerando su dimensión espiritual, hasta el punto de restarle importancia moral a su corporeidad (visión espiritualista). De allí pasa al derecho para significar los diferentes papeles que un ser humano puede representar en la sociedad, cada uno de los cuales implica un conjunto de relaciones sociales y jurídicas, y por tanto, de derechos y deberes. A lo largo de la historia resulta evidente que no se consideraba a todos los hombres o mujeres sujetos de iguales derechos y obligaciones (esclavitud) y por otra parte, tal como lo especifica el derecho existen personas naturales y jurídicas.

La persona humana debe ser el centro y el fin de la vida; social, económica y política. El estado, el mercado y los tratados de libre comercio pueden ser medios al servicio de las personas. En definitiva, la persona debe ser; un universo de naturaleza espiritual dotado de libre albedrio. El estado, la empresa y el mercado deben estar orientados hacia el desarrollo integral de las personas; es decir, hacia el auténtico desarrollo humano y hacia el bien común.

La ley natural, en cuanto regula las relaciones interhumanas, se califica como “derecho natural” y, como tal, exige el respeto integral de la dignidad de cada persona en la búsqueda del bien común. Una concepción auténtica del derecho natural, entendido como tutela de la eminente e inalienable dignidad de todo ser humano, es garantía de igualdad y da contenido verdadero a los “derechos del hombre”, que constituyen el fundamento de las declaraciones internacionales; partiendo del respeto y promoción de la dignidad de la persona y de los derechos fundamentales que son anteriores a la existencia del estado o del mercado y que nacen de la naturaleza humana. Es el derecho natural según el cual todos tenemos derechos y obligaciones universales por la simple razón de ser humanos, independientemente de nacionalidad, raza, religión, cultura, sexo o clase social.

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